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lunes, 6 de abril de 2026

QUÉ HAS VISTO DE CAMINO, MARÍA, EN LA MAÑANA?




Stabat Mater Dolorosa


La Madre piadosa estaba

junto a la cruz, y lloraba

mientras el Hijo pendía,

cuya alma triste y llorosa,

traspasada y dolorosa,

fiero cuchillo tenía.


Oh, cuán triste y afligida

se vio la Madre escogida

de tantos tormentos llena

cuando triste contemplaba,

y dolorosa miraba,

del Hijo la pena.


¿Y cuál hombre no llorara

si a la Madre contemplara

de Cristo, en tanto dolor?

¿Y quién no se entristeciera,

piadosa Madre, si os viera,

sujeta a tanto rigor?


Por los pecados del mundo

vió a Jesús en tan profundo

tormento la dulce María,

y muriendo al Hijo amado

que rindió desamparado

el espíritu a su Padre.


Oh Madre, fuente de amor

hazme sentir tu dolor

para que llore contigo.

Y que por mi Cristo amado

mi corazón abrasado

más viva en Él que conmigo.


Y porque a amarte me anime

en mi corazón imprime

las llagas que tuvo en sí;

y de tu Hijo, Señora,

divide conmigo ahora

las que padeció por mí.


Hazme contigo llorar,

y de veras lastimar

de sus penas mientras vivo:

porque acompañar deseo

en la cruz, donde le veo,

tu Corazón compasivo.


Virgen de vírgenes santas,

llore yo con ansias tantas,

que el llanto dulce me sea;

porque su Pasión y Muerte

tenga mi alma de suerte

que siempre sus penas vea.


Haz que su cruz me enamore,

Y que en ella viva y more,

De mi fe y amor indicio;

porque me inflame y me encienda

y contigo me defienda

en el día del juicio.


Haz que me ampare la muerte

de Cristo, cuando en tan fuerte

trance vida y alma estén;

para que cuando quede en calma

el cuerpo, vaya mi alma

a su eterna gloria.


Amén.


Primera lectura

Hechos 2, 36-41

"¿Qué tenemos que hacer, hermanos?" Pedro les contestó: "Arrepiéntanse y bautícense en el nombre de Jesucristo para el perdón de sus pecados y recibirán el Espíritu Santo. Porque las promesas de Dios valen para ustedes y para sus hijos y también para todos los paganos que el Señor, Dios nuestro, quiera llamar, aunque estén lejos".


Salmo 32, 4-5. 18-19. 20 y 22


R. (5b) En el Señor está nuestra esperanza. Aleluya.

Sincera es la palabra del Señor

y todas sus acciones son leales.

El ama la justicia y el derecho,

la tierra llena está de sus bondades.

R. En el Señor está nuestra esperanza. Aleluya.

Cuida el Señor de aquellos que lo temen

y en su bondad confían;

los salva de la muerte

y en épocas de hambre les da vida.

R. En el Señor está nuestra esperanza. Aleluya.

En el Señor está nuestra esperanza,

pues él es nuestra ayuda y nuestro amparo.

Muéstrate bondadoso con nosotros,

puesto que en ti, Señor, hemos confiado.

R. En el Señor está nuestra esperanza. Aleluya.


Secuencia -- opcional

Victimae paschali laudes

Ofrezcan los cristianos

ofrendas de alabanza

a gloria de la Víctima

propicia de la Pascua.


Cordero sin pecado,

que a las ovejas salva,

a Dios y a los culpables

unió con nueva alianza.


Lucharon vida y muerte

en singular batalla,

y, muerto el que es la vida,

triunfante se levanta.


“¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?’’

“A mi Señor glorioso,

la tumba abandonada,

los ángeles testigos,

sudarios y mortaja.

¡Resucitó de veras

mi amor y mi esperanza!


Vengan a Galilea,

allí el Señor aguarda;

allí verán los suyos

la gloria de la Pascua’’.


Primicia de los muertos,

sabemos por tu gracia

que estás resucitado;

la muerte en ti no manda.


Rey vencedor, apiádate

de la miseria humana

y da a tus fieles parte

en tu victoria santa.


Aclamación antes del Evangelio

Salmo 117, 24

R. Aleluya, aleluya.

Éste es el día del triunfo del Señor,

día de júbilo y de gozo.

R. Aleluya.


Evangelio

Juan 20, 11-18


El día de la resurrección, María se había quedado llorando junto al sepulcro de Jesús. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno en la cabecera y el otro junto a los pies. Los ángeles le preguntaron: "¿Por qué estás llorando, mujer?" Ella les contestó: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto".


Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Entonces él le dijo: "Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?" Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió: "Señor, si tú te lo llevaste, dime dónde lo has puesto". Jesús le dijo: "¡María!" Ella se volvió y exclamó: "¡Rabuní!", que en hebreo significa 'maestro'. Jesús le dijo: "Déjame ya, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre y su Padre, a mi Dios y su Dios' ".


María Magdalena se fue a ver a los discípulos para decirles que había visto al Señor y para darles su mensaje.


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